Los huesos se astillan con tanta insensibilidad.
¿Por qué no ser inmune a tal apatía?
Ya no existe el azar.
Sólo quieren sentir que no se consumen con la carestía de tus ojos…
Y ahí está la cadencia que los reanima.
¡Que sonido tan agudo es el que desprende aquella sombra!
Que particular es al no estar detrás de mí.
Arma tan destilada.
Y con estas pocas palabras asesino un retrato que merodea, al haber revivido con tú secreto. Sólo porque estoy enferma y caótica.
sábado, 7 de marzo de 2009
Una cura
Publicado por Alixandrina Dávila en 22:02
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario